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El informe secreto: de Internet en el año 2000 a la IA de hoy

  • Foto del escritor: Xavier Catalán Aznar
    Xavier Catalán Aznar
  • hace 3 horas
  • 3 min de lectura

Categoría: Gestión y decisiones

"Esto será un secreto entre los dos"

En 1999-2000, en la universidad donde monté el Centro de Cálculo, abrimos el acceso a Internet no solo a los alumnos, sino también a los empleados. Un día me llamó el director. Quería saber cuántas horas pasaban los empleados usando Internet.

Le dije que podía darle bastante más que eso: no solo las horas, sino también qué páginas visitaban exactamente. El director aceptó, pero puso una condición: "de acuerdo, pero esto será un secreto entre los dos".

Hice el informe. Y hasta yo, que llevaba toda mi carrera midiendo sistemas, me sorprendí del tiempo que se perdía.

El mismo patrón, veinticinco años después

Hoy veo repetirse exactamente lo mismo, con un disfraz distinto. La gente —y no hablo solo de jóvenes buscando destacar en redes sociales, sino también de profesionales en su jornada laboral— dedica una parte notable de su tiempo a "jugar" con la IA: generar un avatar vistoso, crear un vídeo llamativo, producir imágenes que se mueven. Es divertido, es atractivo visualmente, y es fácil perder la noción del tiempo mientras se hace.

No es un juicio moral. En el año 2000 tampoco lo era: la gente no "perdía el tiempo" por maldad, sino porque una herramienta nueva y fascinante invita a explorarla más allá de lo estrictamente necesario. El problema no es la curiosidad. El problema es cuando esa curiosidad no se gestiona, y nadie se plantea medirla ni entenderla.

Lo que dicen los datos de hoy

La diferencia con el año 2000 es que ahora hay estudios recientes que ponen números a esta intuición:

Según datos de una consultora especializada en monitorización laboral, en 2026 la adopción de IA en el entorno de trabajo alcanzó el 80%, pero la eficiencia de atención cayó a su nivel más bajo en tres años, un 60%. El tiempo dedicado a colaboración aumentó un 34%, y el multitasking, un 12% — más herramientas de IA generaron más frentes que gestionar, no necesariamente más foco.

Todavía más revelador es el fenómeno que un estudio de Stanford y BetterUp Labs ha bautizado como "workslop": contenido generado con IA que aparenta ser trabajo válido pero carece de sustancia real. Un 40% de los empleados encuestados en Estados Unidos aseguran haber recibido este tipo de trabajo vacío en el último mes, y cada episodio cuesta cerca de dos horas de tiempo perdido revisándolo o corrigiéndolo — además de dañar la confianza entre compañeros.

En otras palabras: el problema de 1999 no ha desaparecido con la IA. Ha cambiado de forma, pero el fondo es idéntico — una tecnología nueva, atractiva, que se cuela en el tiempo de trabajo sin que nadie la esté midiendo ni gestionando con criterio.

La lección de gestión, entonces y ahora

Lo interesante de mi anécdota con el director no es el dato en sí, sino la condición que puso: "esto será un secreto entre los dos". No lo dijo por ocultar nada turbio — lo dijo porque sabía que un informe así, mal gestionado, podía generar más daño que beneficio: desconfianza generalizada, sensación de vigilancia, un ambiente de trabajo envenenado por la sospecha.

Esa es la parte de la lección que muchas organizaciones olvidan hoy con la IA. La respuesta correcta a un problema de uso lúdico o descontrolado de una herramienta nueva no es ni ignorarlo ni convertirlo en una caza de brujas. Es lo que hicimos entonces: medir con criterio, entender el problema real, y actuar con la discreción y el criterio de quien gestiona personas, no solo sistemas.

Veinticinco años después, la pregunta que se hacía aquel director sigue siendo la correcta, solo que ahora aplicada a la IA: no es "¿cuánto tiempo se pierde?", sino "¿qué vamos a hacer con esa información, y cómo lo vamos a hacer sin romper la confianza del equipo?"

Esa pregunta no ha caducado. Solo ha cambiado de tecnología.

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